Aprendimos de la distancia,
que los kilómetros no marcan
más que los metros que mis brazos,
haciendo un pequeño esfuezo,
se deben alargar, se deben estirar
y que de nuevo las yemas
noten cuanto deseo provocan tus pechos.
Aprendimos de la noche,
que las horas de insomnio
se acumulan en sonido tras el oído,
como el "run-run" previo a la huelga de tus besos,
pero que cuando por fin te entierro bajo la manta
y tu noche y la mia pierden la frontera,
el volumen del mundo de real
vuelve a bajar, y vuelve a llover...



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